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News :: International
¿Un nuevo Karol Wojtyla del Imperio?
17 Sep 2008
Del mismo modo en que el Papa Juan Pablo II fue apuntalado desde Washington con ayuda de la CIA, en un ignoto país Sudamericano hay un nuevo hombre de Dios reclutado por la CIA.
A pesar de tanto alarde de un supuesto triunfo de la izquierda, varios claroscuros vuelcan sombra sobre tanta propaganda difundida por medios cooptados por el NED, la CIA y empresarios enriquecidos con la dictadura anticomunista que hace negocios con la Secta Moon.

En primer lugar, una carta de amargo arrepentimiento de una militante de un grupo financiado por la ultraderecha de Washington que se presenta como guevarista en Paraguay, publicado por un medio masivo, puede leerse en el sitio:

http://www.lanacion.com.py/noticias.php?not=203180


Otro punto incongruente es el siguiente.
Un grupo de militantes que se presenta como de izquierdas, pero es conocido en Paraguay por recibir financiación de la ultraderecha de Washington a través de una ONG utilizada como mampara, “La Casa de la Juventud”, protagonizó una escandalosa gresca que tuvo como víctimas a los estoicos militantes del partido comunista paraguayo, el más sangrientamente perseguido en las últimas 6 décadas.Ver:

http://www.lanacion.com.py/noticias.php?not=199797


La misma prensa que impulsó y actuó de vocero del obispo Fernando Lugo durante la campaña para las elecciones presidenciales del 20 de abril, ha iniciado una campaña insultante contra los gobiernos de izquierda de la región, sobre todo contra Hugo Chávez a quien no duda el tildar de Dictador. Se trata de ABC color, un diario que otrora aplaudió a Pinochet, Videla y Stroessner, y que se vincula a la SIP y se relaciona con la National Endowment for Democracy:

http://www.abc.com.py/articulos.php?pid=443217&fec=2008-08-20


Un diario vinculado familiarmente al fallecido dictador Stroessner, “Crónica”, ha realizado una campaña de reivindicación del mismo, pidiendo en sus páginas con grandes titulares el traslado de sus restos al panteón de los héroes, en pago por haber apoyado la campaña del clérigo Fernando Lugo.Ver:
http://www.cronica.com.py/noticias.php?not=18883

Por si fuera poco, una conocida personera de la CIA ha sido nombrada ministra en el gabinete del supuesto izquierdista Fernando Lugo, y rememorando los viejos tiempos de la dictadura, impidió la presencia en Paraguay del sandinista Daniel Ortega.Ver:

http://www.aporrea.org/ddhh/a62275.html

Por otra parte, un conocido partido marxista ha hecho serias denuncias contra el obispo, acusándolo de servir intereses de la oligarquía y del imperialismo. Ver:

http://wwwprotagonistascomar.blogspot.com/2008/08/paraguay-partido-de-lo

Cabe preguntarse, ante todos estos puntos incongruentes ¿estamos ante un nuevo Wojtyla apuntalado por la CIA?

EL PARADIGMA SITUACIONAL: WOJTYLA Y LA CIA

El ascenso de Wojtyla al papado se decidió, al igual que el de Fernando Lugo pero en la década de los setenta del pasado siglo en la Casa Blanca y en los sectores monopolistas más influyentes de Estados Unidos.
Con la ayuda de una profesora universitaria bien conectada, Wojtyla se había introducido en los círculos próximos al poder de Washington a través del cardenal de Filadelfia, Krol y del renombrado político Zbigniew Brzezinski, ambos de ascendencia polaca.
El otro brazo decisivo en la conexión de Juan Pablo II con Washington fue su secretario privado, el arzobispo polaco Stanislaw Dziwisz, también muy ligado a Brzezinski durante la administración Carter a fines de los 70 como consejero de seguridad. Una vez nombrado papa, Wojtyla se entrevistó con Brzezinski en junio de 1980.
Brzezinski era un personaje de los equipos de estrategia norteamericanos y estaba ligado intelectualmente a Henry Kissinger. Preconizaba una teoría para debilitar y acorralar militarmente a la Unión Soviética (tesis que siguió desarrollando tras la caída de la URSS) que sostenía que la mejor manera era la desestabilización de sus regiones fronterizas y la penetración ideológica, principalmente a través de la fe católica, postergada desde la llegada del socialismo en Polonia.
En ese tablero estratégico encajaba perfectamente el ascenso de un anticomunista feroz como Wojtyla a la jefatura del Vaticano que Brzezinski y Kissinger, en alianza con el Opus Dei operaron en Washington.
Cuando poco después, en enero de 1981, Reagan asumió la presidencia de Estados Unidos, la conexión entre el Vaticano y la Casa Blanca se haría todavía más estrecha, cuando el ex actor designó entre sus representantes de política exterior a católicos militantes del Opus Dei, en una estrategia para aproximarse al estado mayor que controlaba la política del Vaticano.
Vernon Walters cuenta que el presidente decidió enviarlo como embajador itinerante de Washington para conseguir el apoyo del Papa al programa armamentista denominado Iniciativa de Defensa Estratégica popularmente conocido como Guerra de las Galáxias. Hablando de su misión dice Walters: Me gustaría pensar que esto tuvo algún éxito. El no criticó nuestros programas de defensa y esto era todo lo que queríamos.
Por su parte, Richard Allen, que fue consejero de seguridad del presidente Reagan, afirmó que la relación de Reagan con el Vaticano fue una de las más grandes alianzas secretas de todos los tiempos.
Reagan mantuvo a Brzezinski como asesor para Polonia, lo cual implicaba un trato directo con el siniestro papa polaco.
Reagan y el papa dosificaron hábilmente sus declaraciones y estrategias para desarmar a los soviéticos en el caso polaco. En 1981, en plena huelga de Solidaridad y con las tropas soviéticas concentrándose en la frontera polaca (de lo cual la CIA informó al papa), el Vaticano difundió el rumor de que si la URSS invadiera Polonia, el papa viajaría a su país natal.
En una reunión entre Wojtyla y el embajador soviético en Roma, Moscú se comprometió a no intervenir en seis meses si el Vaticano frenaba los preparativos insurreccionales en Polonia.
La intervención vaticana fue decisiva en el desmembramiento de la antigua Yugoeslavia, esta vez de la mano de los imperialistas alemanes y provocando una guerra en los Balcanes, cuyos efectos aún no han cesado. La guerra se inició por parte de los grupos católicos independentistas en Eslovenia y Croacia apoyados por Alemania y el Vaticano, que desataron la limpieza étnica frente a los ortodoxos serbios y los musulmanes bosnios. Con el mayor descaro luego trasladaron las responsabilidades a Milosevic y a los serbios para justificar sus propios crímenes. El Papa polaco avaló con su silencio los feroces bombardeos y la invasión a Yugoslavia, punta de lanza de la conquista de los mercados de Europa del Este, lanzada por la administración Clinton al principio de los 90.
En septiembre de 1983 el Senado estadunidense revocó el edicto que en 1867 cerró la misión diplomática en los Estados Pontificios, abriendo la vía a una nueva etapa porque, como decían los imperialistas, la Santa Sede posee una gran influencia en el escenario de la diplomacia mundial. Rompiendo con la tradición política de 200 años, Estados Unidos estableció relaciones diplomáticas con el Vaticano. Desde 1775 la Norteamérica protestante celebraba anualmente el Día del Papa el 5 de noviembre durante la cual la imagen del Papa se quemaba ceremonialmente en la hoguera en medio del jolgorio popular.
Reagan buscó, de manera abierta y encubierta a la vez, forjar unos vínculos estrechos con el papa y el Vaticano. Nombró a católicos para los puestos más importantes de la política exterior: William Casey (director de la CIA), Vernon Walters (embajador extraordinario del presidente), Alexander Haig (secretario de estado), Richard Allen y William Clark (asesores de seguridad). También nombró a William A. Wilson como primer embajador, no ante el Estado del Vaticano, sino ante la Santa Sede. De este modo un país que había defendido siempre el principio democrático de separación iglesia-estado claudicaba ante el Vaticano para defender conjuntamente sus mutuos intereses imperialistas.
El segundo embajador de Reagan, Frank Shakespeare, afirmó que entendía su función como un intercambio de información entre el Vaticano y el gobierno de su país, y añadió: El conocimiento y los intereses de la Santa Sede cubren un amplio espectro, y en muchos casos sobrepasan al conocimiento y los intereses de Estados Unidos, por ejemplo, en áreas tales como las Filipinas, las Américas, Polonia, Chescoslovaquia, Europa oriental, la Unión Soviética, el Medio Oriente y África. Cada viernes por la noche, el jefe del cuartel de la CIA en Roma llevaba al palacio papal los últimos secretos obtenidos con satélites espías y las escuchas electrónicas por los agentes de campo de la CIA. Ningún otro dirigente en el extranjero tenía acceso a la información que el papa recibía puntualmente.
La diplomacia papal, centro de una burocracia vaticana muy centralizada, se involucró en los más negros acontecimientos internacionales, como había hecho a lo largo de sus 500 años de sanguinaria historia de masacre, destrucción y muerte... y negocio
Wojtyla, por su parte, apoyó la instalación por parte de la OTAN de nuevos misiles en Europa occidental. Cuando la Academia de las Ciencias vaticana preparó un informe muy crítico con la Iniciativa de Defensa Estratégica de Reagan (la Guerra de las Galaxias), el papa, atendiendo a los requerimientos de Vernon Walters, el entonces vicepresidente Bush y el propio Reagan, echó atrás el informe.

MARCINKUS: EL BANQUERO DE DIOS

En 1972 se produce un hecho decisivo: el cardenal Marcinkus vende la Banca Católica del Véneto al Banco Ambrosiano de Roberto Calvi sin consultar al obispado de la región, con tan mala suerte para todos que el obispo era el cardenal Albino Luciani, que llegaría a papa seis años después con el seudónimo de Juan Pablo I.
Cuando Luciani se entera, pide entrevistarse inmediatamente con Marcinkus y se produce un enfrentamiento brutal entre ambos, lo cual significa un enfrentamiento con la CIA, la mafia, la logia P2, gladio, la OTAN, en fin con todo el poder tan sólidamente establecido desde 1945.
Por su parte Luciani se da cuenta de que las cosas están mucho peor de lo que cabía imaginar, de que la corrupción ha gangrenado todo el dispositivo vaticano, enredándole en los más mezquinos asuntos que, por lo demás, están a punto de reventar.
Además, el secretario de Estado del Vaticano, Giovanni Benelli, el hombre de confianza de Pablo VI, le informa a Luciani de la existencia de un acuerdo secreto entre Roberto Calvi, Michele Sindona y Marcinkus para aprovechar el amplio margen de maniobra que tenía el Vaticano para realizar evasiones de impuestos y movimientos de divisas.
Pero ¿quién es exactamente Marcinkus?
Nacido el 15 de enero de 1922 cerca de Chicago, Paul Marcinkus se ordenó sacerdote en 1947 y fue adscrito al Ministerio de Asuntos Exteriores del Vaticano. En 1964 fue guardaespaldas del Papa Pablo VI, su consejero de seguridad y, sobre todo, confidente del secretario del Papa, Pasquale Macchi, miembro de la logia P2. Pablo VI le nombró obispo y luego secretario del Banco Vaticano.
Su mentor era John Patrick Cody, obispo de Chicago desde 1965. Cody había pasado un tiempo en Roma, trabajando en el Colegio Norteamericano y posteriormente en la Secretaría de Estado, convirtiéndose en un hombre muy próximo a Pío XII y al futuro Pablo VI.
De regreso a Estados Unidos a principios de los años setenta, Cody canalizaba la mayor parte de las inversiones del Vaticano en la bolsa estadounidense a través del Banco Illinois Continental, en Chicago. Cody y Marcinkus eran amigos y trabajaron estrechamente en estas transacciones bancarias. Cody desviaba los dólares de Chicago a Polonia vía Vaticano, lo que siempre fue muy apreciado por el papa polaco, que se convirtió en su más fiel valedor. En todas sus diócesis el obispo Cody desviaba los fondos a la cuenta de una amante, de manera que por donde pasó (las diócesis de Nueva Orleans y Kansas) dejó un reguero de estafas. En 1970 invirtió ilegalmente dos millones de dólares en acciones de Penn Central y sólo unos días más tarde la empresa quebró. En 1973 fue investigado por el FBI por su participación directa en el lavado de dinero de la mafia por el Banco Vaticano.
En enero de 1981 un Jurado Federal citó a Cody para comprobar sus archivos financieros pero el obispo rechazó la petición. En septiembre, el Chicago Sun Times publico una colección de graves crímenes cometidos por el obispo. En abril de 1982 murió y, con él, la investigación sobre sus crimenes.
Sindona le presentó a Calvi a Marcinkus en 1971, entablando relaciones muy estrechas entre los tres. Una de las ramificaciones de Banco Ambrosiano en Nassau tiene a Marcinkus en su Consejo de Administración. A comienzos de 1980 el Vaticano tuvo que prohibir expresamente que Marcinkus y los cardenales Giuseppe Caprio y Segio Guerri declararan a favor de Sindona, que estaba siendo juzgado en Estados Unidos por estafa, conspiración y malversación de fondos relacionados con la quiebra del Franklin National Bank.
Marcinkus decidió comprar acciones a grandes multinacionales como Coca Cola, IMB o ITT y revenderlas en bolsa con beneficios pero para hacer más fructíferas esas inversiones, recurrieron a falsificaciones de la mafia norteamericana. Sin embargo, los duplicados fueron tan malos que no lograron convencer a ningún comprador.
Marcinkus nunca fue a la cárcel gracias a la protección diplomática del Vaticano. El secretario de Estado, Henry Kissinger, estaba a punto de solicitar la extradición de Marcinkus cuando estalló el escándalo Watergate. Ni siquiera fue removido de sus cargos. Es más, Wojtyla le ascendió: era un hombre muy agradecido y sabía devolver los favores.

JUAN PABLO I: ENVENENADO EN 1978

Desde el primer tropiezo de Luciani con Marcinkus en 1972 hasta su elección como papa en 1978, transcurren sólo seis años. El 27 de agosto de 1978, gracias al trabajo entre bastidores realizado por Bennelli, más del 80 por ciento de los votos de los cardenales se inclinan a favor de Luciani, lo que provoca la indignación de los cardenales más reaccionarios, vinculados al imperialismo estadounidense, la mafia y el lavado de dinero, que se habían quedado en minoría en la defensa de su hombre fuerte, el polaco Karol Wojtyla. El secretario de Estado del Vaticano Jean Villot, un operador de Washington y de la mafia financiera en la Santa Sede, declaraba públicamente antes del ascenso de Luciani: He encontrado al futuro papa: será el cardenal Wojtyla.
Se quivocó. Nada más acceder a la cúspide de la Iglesia, el nuevo papa Juan Pablo I decide destituir a Marcinkus: otro golpe a la mafia y a los imperialistas de la Casa Blanca. Todo esto sonaba a depuración, a saneamiento de la cloacas y, ante ello, en Washington se echan a temblar. Luciani chocaba con los intereses enquistados en la cúpula del Vaticano, de los cuales se valía Washington para consolidar su alianza con la Iglesia Católica. Existía el riesgo de que las sólidas conexiones financieras y políticas de la mafia italo-norteamericana en el Vaticano quedaran cortadas de raíz .
Bajo la batuta del arzobispo genovés Giussepe Siri, la Casa Blanca había recorrido los pasillos intrigando para imponer a su candidato, el polaco Karol Wojtyla, y siguieron conspirando tras la fumata blanca para derribar a Luciani, que se disponía a revisar la estructura de la Curia, corroída por los servicios de inteligencia estadounidenses asentados en Roma. Según relata Camilo Bassoto, periodista veneciano y amigo personal de Juan Pablo I, Luciani pensaba tomar abierta posición, incluso delante de todos, frente a la masonería y la mafia.
Luciani sólo duró 33 días en su pontificado, los suficientes para dar lugar a una conspiración contra su vida. Se convirtió inmediatamente en el hombre que debía morir. El 28 de septiembre de 1978 Juan Pablo I firmó el relevo de Marcinkus como jefe del Banco Vaticano por el cardenal Abbo. A las 6'45 de la mañana del día siguiente apareció muerto en su cama. En ese momento Marcinkus se encontraba en el patio cercano al Banco del Vaticano pero su residencia no estaba dentro de Vaticano sino a 20 minutos de allí. Su presencia en el Vaticano a aquella hora nunca ha sido explicada porque no era precisamente muy madrugador.
Todo parece indicar que utilizaron una dosis extremadamente fuerte de un vasodilatador, Effortil o Cortiplex. Le encontraron muerto con papeles sobre las destituciones que iba a efectuar e informes sobre actividades de la Banca Vaticana dispersos encima de la colcha y por el suelo. Su muerte no fue pues instantánea, ni estando dormido. Cuando llamaron al siniestro cardenal Villot, se apoderó inmediatamente de todos los papeles antes de interesarse por el difunto papa. Luciani tenía siempre junto a su cama un frasco de Efortil, medicamento que le regulaba la baja tensión arterial: Villot lo hizo retirar inmediatamente.
23 días antes de su fallecimiento, Luciani había tomado té en el Vaticano con el metropolitano Nikodim, patriarca de la Iglesia ortodoxa rusa de Petersburgo. Por cortesía, esperó a que el patriarca ruso empezase a beber antes que él y, cuando iba a llevar sus labios a la taza, vio cómo el patriarca se desplomó muerto. Nadie analizó el té. ¿Intentaron asesinar a Juan Pablo I y el sirviente confundió las tazas? La Iglesia católica contabiliza ya 40 asesinatos pontificios, muchos de ellos por envenenamiento...
Tras la muerte de Luciani, en su condición de secretario de Estado, Villot tomó las riendas del Vaticano y su conducta sospechosa atrajo enseguida la atención de la prensa, que reclamó una autopsia. Villot se negó también. Murió sólo seis meses después del papa...
Era el comienzo de un sangriento rosario de cadáveres:
— el 29 de enero de 1979 fue asesinado el magistrado de Milán Alessandrini, que investigaba el caso de Banco Ambrosiano
— en marzo de 1979 fue asesinado un periodista que estaba investigando los negocios de Sindona y la conexión vaticana con el narcotráfico y la mafia
— el 11 de julio de 1979 fue asesinado Giorgo Ambrosoli poco después de que declarara sobre los vínculos que mantenía Sindona con el Banco Ambrosiano de Milán dirigido por Roberto Calvi, así como con Marcinkus y la logia P2. Ambrosoli era un abogado que había investigado a Sindona durante 5 años acumulando numerosas pruebas en su contra
— pocos días después fue asesinado el teniente coronel Antonio Varisco, jefe de Seguridad de Roma que había interrogado a Ambrosioli
— en octubre de ese año explota una bomba en el apartamento de Enrico Cuccia, director de Mediobanca que había declarado oír a Sindona amenazar de muerte a Giorgio Ambrosoli
— en mayo de 1980 Sindona intenta suicidarse en la cárcel y en junio es condenado a 25 años de prisión
— Roberto Calvi intenta suicidarse en la cárcel, a donde va a parar acusado de estafa; la Banca Vaticana asume la deuda de más de 1.000 millones de dólares que habían contraído varios Bancos controlados por Calvi
— en abril de 1982 intentan asesinar a Roberto Rosone, director general del Banco Ambrosiano que estaba intentando limpiarlo
— el 18 de junio de 1982 Roberto Calvi se ahorca en el puente Blackfriars de Londes y días más tarde se descubre un agujero de 1.300 millones de dólares en el Banco Ambrosiano de Milán
— en octubre de 1982 Giuseppe Dellacha, ejecutivo del Banco Ambrosiano, se cae por una ventana del Banco
— a finales de 1983 Michele Sindona es encontrado muerto, envenenado, en la cárcel de máxima seguridad italiana de Voghera, a donde había sido extraditado desde Nueva York
El magnicidio de Luciani fue preparado por la CIA para poner en su lugar al papa polaco con el que pensaban atacar a los países del este de Europa. Fue el inicio del desmantelamiento del telón de acero. El papa fue envenenado el 28 de septiembre de 1978. Fue el segundo papado más breve de la historia desde León XI, quien murió en abril de 1605, menos de un mes después de su elección.
El papado de Wojtyla se creó, pues, gracias al asesinato de su antecesor. La santa mafia se había liberado de la depuración y ya tenía a uno de los suyos en lo más alto. A su vez, Wojtyla sería objeto de un intento de asesinato tres años después... En Roma había más crímenes que en los peores años de Chicago.
Declaraciones públicas de personajes clave desmintieron la versión oficial sobre el súbito deceso de Luciani. Tras su muerte, la teoría del envenenamiento de Juan Pablo I comenzó a circular por los pasillos del Vaticano. Los rumores casi se transformaron en evidencia al negarse Jean Villot, secretario de Estado del Vaticano, a realizar la autopsia al cadáver del papa Luciani: Debo reconocer con cierta tristeza que la versión oficial entregada por el Vaticano despierta muchas dudas, señaló el cardenal brasileño Aloisio Lorscheider a The Time el 29 de septiembre de 1998.
El investigador británico David A. Yallop en su libro En el nombre del Padre habla claramente de asesinato. Los hermanos Gusso, camareros pontificios y hombres de la confianza del Papa Luciani, fueron destituidos unos días antes de su fallecimiento, a pesar de la oposición del secretario papal, Diego Lorenzo. El obispo irlandés John Magree, que había sido secretario privado de Luciani, negó que él hubiese encontrado el cadáver del papa muerto sino Vicenza, una de las monjas que lo atendían. Días antes de su muerte, un médico vaticano advirtió al papa que tenía el corazón destrozado. John Cornwell en su libro A thief in the night (Un ladrón en la noche: la muerte del papa Juan Pablo I) asevera que nadie en el Vaticano se preocupó de la enfermedad de Luciani.
Tras las primeras depuraciones, la Casa Blanca había amenazado a Luciani claramente. Por eso, desde el momento en que accedió al poder, Juan Pablo I realizó obsesivas predicciones a sus colaboradores más fieles de que su papado sería corto. El irlandés John Magree recuerda que estaba constantemente hablando de la muerte, siempre recordándonos que su pontificado iba a durar poco. Siempre diciendo que le iba a suceder el extranjero. El extranjero era el polaco Wojtyla. El propio Magree, amigo del todopoderoso cardenal Marcinkus, cuenta que, poco antes de morir, el papa le dijo: Yo me marcharé y el que estaba sentado en la Capilla Sixtina en frente de mí, ocupará mi lugar. Fue el propio Wojtyla, ya convertido en Juan Pablo II, quién confirmó a Magree que, en el momento de la elección papal, él se encontraba casi de frente a Luciani.
Desde Florencia las palabras del cardenal Benelli en conferencia de prensa resonaron terroríficas: La Iglesia ha perdido al hombre adecuado para el momento adecuado. Estamos muy afligidos. Nos hemos quedado atemorizados. El pánico se había adueñado de la Curia; todos tenían miedo y nadie se atrevía a hablar de lo que pensaban.
El general del ejército estadounidense y antiguo subdirector de la CIA, Vernon Walters, contó en un libro de memorias escrito poco antes de morir, que fue quizá él quien ayudó al Espíritu Santo en la elección de Wojtyla, y puede que colaborase en la muerte del papa Luciani.
¿Que seudónimo clandestino utilizaba Gelli para presentarse? Según la esposa de Calvi se llamaba a sí mismo por el sobrenombre de Luciani...
Ya papa, Wojtyla se negó a que funcionarios de la Banca Vaticana sospechosas del envenenamiento de Luciani prestasen declaración,ante los jueces italianos e incluso destruyó pruebas.
El asesinato de Luciani se produjo, pues, en un contexto internacional clave:
— en plena etapa final de la guerra fría desatada por Washington contra los países del Pacto de Varsovia.
— en Italia estaba en auge la posibilidad de una alianza de la democracia cristiana con los revisionistas del PCI a la que se oponía Estados Unidos, la OTAN y sus sucursales sobre el terreno: los servicios secretos, Gladio, la logia P2, la mafia y los fascistas.
— en Latinoamérica la teología de la liberación, nacida al calor del Concilio Vaticano II, se había convertido en un problema para las oligarquías locales y el imperialismo norteamericano, empeñado a fondo en los golpes de Estado fascistas (Chile, Argentina, Uruguay) y en los escuadrones de la muerte para contener la revolución.
En América Latina, las dictaduras militares desarrollaban su guerra antisubversiva de la mano de las altas jerarquías católicas, imbuidas de la Doctrina de Seguridad Nacional que santificaba las andanzas represivas de las dictaduras fascistas nacidas por golpes de Estado militares.
Toda esa política del Vaticano fue avalada y consentida por Juan Pablo II, quien se prestó al exterminio militar del comunismo ateo en Europa del este y en América Latina. En esa persecución feroz fueron asesinados, entre otros, monseñor Óscar Romero en 1980 e Ignacio Ellacuría en 1989, éste junto a otros cinco jesuítas de la Universidad Centroamericana y dos mujeres.
El polaco Wojtyla era el hombre del imperialismo estadounidense en el Vaticano, el de la logia P2, de la mafia y de Gladio. Marcinkus volvió a su puesto al frente del Banco Vaticano y comenzó a desviar ilegalmente millones de dólares del Banco, vía Banca Ambrosiana, a la financiación del sindicato polaco Solidaridad y los grupos nazis operativos tras el telón de acero.
El 28 de septiembre de 1981, aniversario del asesinato de Luciani, Wojtyla ascendió a Marcinkus a arzobispo y presidente de la Comisión Pontifical del Vaticano, un cargo de gobernador del Estado teocrático y, naturalmente, conservó su puesto como jefe del Banco Vaticano.
Ante las dificultades financieras causadas por la quiebra del Banco Ambrosiano, el papa se puso en las manos del Opus Dei con sus conexiones en Estados Unidos y España: Continental Illinois Bank, Banco Popular Español, Esfina, Banco Atlas, Bankunión, Fundación General Mediterránea, Rumasa, entre otros. Por eso en octubre de 1982 una de las primeras medidas del gobierno socialista de Felipe González, recién llegado al gobierno en España, fue la expropiación de Rumasa.
See also:
http://www.democraticamente.com

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