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Parent Article: carta a mi hija
El golpe en Ucrania
21 Jul 2014
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Encabezado por fascistas y respaldado por los imperialistas de EE.UU. y la UE

Crimea es rusa

El siguiente texto se basa en artículos publicados en Workers Vanguard Nos. 1041 y 1043, periódico de nuestros camaradas de la SL/U.S.

Conforme el caudillo ruso Vladímir Putin desplegaba tropas en Crimea, siguiendo una resolución del parlamento ruso, la maquinaria de propaganda occidental se puso histérica. El secretario de estado estadounidense, John Kerry, declaró que Rusia pagaría “muy caro” su incursión, amenazando con expulsarla del imperialista Grupo de los 8 y con congelar sus propiedades en el extranjero. Sin la menor ironía, Kerry pontificó: “Nadie puede, en el siglo XXI, comportarse como en el siglo XIX e invadir un país con un pretexto totalmente inventado”. Afganistán, Irak, Libia: la lista de países que el imperialismo estadounidense ha amenazado e invadido “en el siglo XXI” sigue y sigue. Y los sucesos de Ucrania ciertamente contaron con la participación de los imperialistas estadounidenses en particular, así como de la Unión Europea (UE).

La movilización militar rusa en Crimea responde directamente al derrocamiento del gobierno en Kiev, la capital ucraniana. El 22 de febrero, el corrupto presidente prorruso Viktor Yanukovich fue derrocado por un golpe de estado derechista encabezado por fascistas y respaldado por Estados Unidos y la UE; posteriormente, Yanukovich huyó a Rusia. Los matones que arrojaban cocteles molotov, que habían estado al frente de las manifestaciones masivas y que por tres meses ocuparon las calles de Kiev tomando instalaciones de gobierno y enfrentando con violencia a la policía, hoy están al mando. Los fascistas del partido Svoboda tienen un viceprimer ministro y varios ministerios del nuevo gobierno. Uno de los fundadores de Svoboda, Andriy Parubiy, ahora encabeza el Consejo de Seguridad Nacional y Defensa, que supervisa las fuerzas armadas. El nuevo viceprimer ministro en asuntos económicos es Oleksandr Sych, de Svoboda, un miembro del parlamento tristemente célebre por sus intentos de prohibir todos los abortos, incluyendo en caso de violación. Si bien Arseniy Yatsenyuk, el favorito de Washington y líder del Partido de la Patria, está ahora a cargo como primer ministro, los matones de la Plaza Maidán siguen dictando la política.

El éxito del golpe de estado nacionalista de derecha alarmó profundamente a la población de habla rusa, en particular de las regiones del oriente y el sureste de Ucrania. Y, en efecto, uno de los primeros actos del nuevo régimen fue abolir una ley de 2012 que permitía el uso oficial del ruso y otros idiomas minoritarios. Esto justificadamente se tomó como un ataque a las minorías no ucranianas, produciendo amplias protestas, incluso en Lviv, donde los fascistas cuentan con una base considerable. De las 27 regiones en las que está dividida Ucrania, trece, principalmente en el oriente, habían adoptado el ruso como su segunda lengua oficial, y dos regiones del occidente adoptaron el rumano, el húngaro y el moldavo. En Crimea —donde el 58.5 por ciento de la población es étnicamente rusa, el 24.4 es ucraniana y el 12.1 es tártara— la nueva ley chovinista de Kiev golpeó particularmente duro, dado que la aplastante mayoría de la población de dos millones de personas de la región usa el ruso como su lengua principal, independientemente de sus antecedentes étnicos.

El ejército ruso, con ayuda de las fuerzas locales de “autodefensa”, estableció su control sobre la República Autónoma de Crimea. Hay en la Península de Crimea numerosos soldados y marinos rusos. Por un acuerdo con los gobiernos ucranianos anteriores, la ciudad de Sebastopol es la base de la flota rusa del Mar Negro. Sobre esta base, el nuevo gobierno prorruso de Crimea convocó a un plebiscito, llevado a cabo el 30 de marzo, para decidir el estatus del territorio: seguir siendo parte de Ucrania, o buscar una independencia de facto y una afiliación más estrecha a Rusia. Casi el 97 por ciento votó a favor de la secesión de Ucrania y por la absorción por Rusia, con cálculos de participación del electorado en 83 por ciento.

Como era de esperarse, el nuevo gobierno ucraniano denunció la intervención de Putin como una apropiación rusa de territorio ucraniano, y los voceros de la burguesía la han comparado con la Guerra Ruso-Georgiana de 2008. La movilización militar de Rusia en Crimea no es equivalente a esa guerra, en la que las fuerzas rusas penetraron en territorio georgiano. En ella, los marxistas adoptamos una línea derrotista, oponiéndonos a ambos ejércitos burgueses. (Georgia estaba respaldada por el imperialismo occidental.)

Fortaleciendo nuestra posición

El pueblo de Crimea tiene todo el derecho a la autodeterminación, incluyendo la independencia o la incorporación a Rusia. En la actual coyuntura, el ejercicio de ese derecho fue posible por el apoyo de las fuerzas rusas. De hecho, fue el nuevo gobierno de Crimea el que solicitó la movilización militar rusa. Al interior de Crimea, la principal oposición a separarse de Ucrania viene de los tártaros, un pueblo turco mayoritariamente musulmán. El 26 de febrero hubo enfrentamientos en Simferópol, capital de Crimea, entre manifestantes prorrusos y tártaros, dejando dos muertos y 30 heridos. La desconfianza de los tártaros ante las autoridades rusas se remonta al periodo de Iosif Stalin, quien en 1944 deportó en masa a los tártaros de Crimea, su patria histórica, al Asia Central y otras partes de la Unión Soviética.

Como explicaron nuestros camaradas estadounidenses en WV No. 1041 (7 de marzo), para los marxistas es principista apoyar la movilización militar rusa en Crimea. Sin embargo, nuestra posición contenía un error significativo que fue señalado por un simpatizante de la Liga Comunista Internacional, Jonah, en una carta del 14 de marzo. El problema —escribió Jonah— es la afirmación en ese artículo de que el apoyo a la movilización militar rusa era principista “siempre y cuando Rusia implemente derechos especiales para la minoría tártara de Crimea, muy oprimida bajo el dominio ucraniano”.

El mismo artículo declaró además que “si las fuerzas rusas utilizaran la toma de Crimea para profundizar la opresión de los tártaros, sería entonces aprincipista apoyar la movilización militar rusa”. Jonah escribió:

“Esa oración y el requisito sobre los ‘derechos especiales para la minoría tártara de Crimea’ parece condicionar la autodeterminación de los crimeos rusos al trato que reciban los crimeos tártaros de parte de Rusia en el momento en que Crimea vote ser parte de Rusia, en caso de que ello ocurra. Si ése es el criterio para la autodeterminación, no veo cómo se pueda apoyar la autodeterminación en ningún lugar (énfasis en el original)”.

Nuestro simpatizante tuvo razón al señalar este problema. La condición que pusimos para apoyar la movilización militar rusa, y por ende al ejercicio de la autodeterminación por parte de la mayoría crimea, fue una concesión a la presión de la propaganda imperialista dirigida contra Rusia y su caudillo burgués, Vladímir Putin. Tras haber apoyado el golpe infestado de fascistas que derrocó al régimen de Yanukovich en Ucrania, los imperialistas estadounidenses y europeos, así como sus mercenarios en los medios, pusieron el grito en el cielo sobre una inexistente “invasión” de Crimea —de hecho, las tropas rusas de la flota del Mar Negro estacionadas en Sebastopol ya estaban allí— y condenaron la “anexión” de Crimea llegando a compararla con la Anschluss de Austria por parte de la Alemania nazi.

Contra lo que normalmente se presenta en los medios occidentales, la movilización militar rusa en Crimea no es la intervención de un “país extranjero”, pese al estatus formal de Crimea como parte de Ucrania. Crimea ha sido rusa desde finales del siglo XVIII, cuando le fue arrebatada al Imperio Otomano. No fue sino hasta 1954 cuando el premier soviético Nikita Jruschov se la cedió a la República Soviética de Ucrania —un estúpido error administrativo que contradijo tanto la historia como la configuración nacional y lingüística de Crimea—. Después, con el colapso de la Unión Soviética, este error cobró significación, pues la suerte de la región quedó sujeta a las enconadas disputas entre los ahora estados burgueses de Rusia y Ucrania. En 1991, los habitantes de Crimea intentaron celebrar un referéndum sobre su independencia, pero las autoridades ucranianas se lo prohibieron indefinidamente.

En Rusia, una tarea crucial para los marxistas es luchar por los derechos de los tártaros musulmanes y de otras minorías étnicas y nacionales. Al apoyar la movilización militar rusa en Crimea, no hemos dado ni un ápice de apoyo político al régimen capitalista y chovinista ruso de Putin. Es el deber de los marxistas oponerse a todo tipo de nacionalismo y chovinismo de grandes potencias. Desde la destrucción contrarrevolucionaria del estado obrero degenerado soviético en 1991-92, hemos enfatizado la necesidad de que los trabajadores se unan en la lucha contra la explotación capitalista y contra toda manifestación de opresión y subyugación nacional, así como contra el fanatismo antijudío. En una declaración que la Liga Comunista Internacional emitió el 3 de abril de 1995, cuando fuimos proscritos en Ucrania como parte de una cacería de brujas anticomunista, enfatizamos que “hoy, en nuestra lucha por que se afirmen y se defiendan los derechos democráticos de los trabajadores de todas las nacionalidades, creemos que se justifica un plebiscito sobre la afiliación nacional en Crimea y en Chechenia” (WV No. 620, 7 de abril de 1995).

¡Por el derecho de todas las naciones a la autodeterminación!

El derecho a la autodeterminación y demás derechos nacionales se aplican a los pueblos de todas las naciones, incluyendo a los de grandes potencias como Rusia. Como marxistas, siempre hemos rechazado la metodología de que los derechos democráticos aplican sólo a ciertos pueblos “progresistas”, y no a los que se consideran “reaccionarios”. Por ejemplo, el estado sionista oprime cruelmente a los palestinos, pero nosotros le reconocemos derechos nacionales tanto a los judíos israelíes como a los palestinos y nos oponemos a la concepción de que hay que arrojar a los judíos al mar. En Irlanda del Norte, la minoría católica esta oprimida por la (apenas) mayoría protestante y por el estado británico. Pero reconocemos que los protestantes constituyen una comunidad aparte y nos oponemos a la reunificación forzosa con un estado católico irlandés. Estamos por una república obrera irlandesa que forme parte de una federación voluntaria de repúblicas obreras de las islas británicas.

Como subrayó el dirigente bolchevique V.I. Lenin, reconocer el derecho a la autodeterminación es un modo de sacar la cuestión nacional del orden del día para favorecer la unidad combativa del proletariado, permitiendo así que los trabajadores de las distintas nacionalidades comprendan quiénes son sus verdaderos enemigos: sus respectivas clases capitalistas. Somos oponentes implacables del nacionalismo ruso, tal como nos oponemos a todas las formas de nacionalismo. Por eso apoyamos al pueblo checheno en sus luchas militares por la independencia contra los brutales opresores burgueses rusos, tanto bajo Boris Yeltsin como bajo Vladímir Putin.

Al intervenir en Crimea, Putin busca defender los intereses de la Rusia capitalista frente a los imperialistas de Occidente, que quieren establecer un estado cliente en su frontera. Al mismo tiempo, en el contexto del aumento de las hostilidades contra la etnia rusa en Ucrania, las maniobras militares de realpolitik de Rusia coinciden con los muy justificados temores nacionales que enfrentan los rusos de Crimea.

¡Los obreros deben barrer a los fascistas de las calles!

Así como nuestra actitud con respecto a la movilización militar rusa en Crimea no implica ni el menor apoyo político al régimen capitalista de Putin, nuestra oposición al golpe de Ucrania tampoco implica ningún apoyo político a Yanukovich y sus secuaces. Lo que hacía falta mientras se preparaba el golpe era afirmar la unidad de clase del proletariado por encima de las divisiones nacionales y étnicas que atormentan al país. Habría estado en el interés del proletariado internacional el que la clase obrera de Ucrania se movilizara para barrer a los fascistas de las calles de Kiev. Hoy, ciertamente está en el interés del proletariado que se formen milicias obreras multiétnicas y no sectarias para aplastar a los fascistas y repeler todas y cada una de las expresiones de violencia comunal.

En nuestro artículo “Ukraine Turmoil: Capitalist Powers in Tug of War” (Descontento en Ucrania: Potencias capitalistas en juego de tira y afloja, WV No. 1038, 24 de enero), señalamos el importante papel que tuvieron los fascistas en las manifestaciones contra el gobierno en Ucrania. Pero, pese a la abundante evidencia de que los neonazis tenían un firme control sobre la oposición que ahora es gobierno, el New York Times y otros voceros de la clase dominante estadounidense siguen sin llamarlos por su verdadero nombre. Los medios occidentales siguen vendiendo la mentira de que el golpe fue resultado de una “revolución pacífica” por la democracia y contra la corrupción.

Svoboda es un partido fascista y antijudío cuyo líder, Oleg Tyagnibok, afirma que una “mafia judeo-moscovita” controla Ucrania. Este partido tiene sus orígenes en los nacionalistas ucranianos que dirigía Stepan Bandera, quienes durante la Segunda Guerra Mundial colaboraron militarmente con los nazis y llevaron a cabo asesinatos masivos de judíos, comunistas, soldados del Ejército Rojo y polacos. Originalmente, el partido se llamaba Partido Social-Nacionalista de Ucrania, en una referencia deliberada al Partido Nazi (Nacional-Socialista) de Alemania. En enero, Svoboda dirigió una marcha de 15 mil personas con antorchas en Kiev y otra en su bastión Lviv, en el occidente de Ucrania, en memoria de su héroe Bandera.

Grupos aún más extremistas, como Sector Derecho, que considera a Svoboda demasiado “liberal” y “conformista” rebasaron a Svoboda en las protestas. Al introducir pandillas paramilitares, inclinaron la balanza en las protestas en Kiev a favor de ataques contra la policía, con el propósito de derrocar al gobierno. Tras el golpe, los partidarios de Sector Derecho en Stryi, una ciudad en la región de Lviv, destruyeron un monumento nacional a los soldados del Ejército Rojo que murieron liberando a Ucrania de la Alemania nazi. (En el último mes, también han sido desmanteladas decenas de estatuas de Lenin.) Aleksandr Muzychko, líder de este grupo en el oeste de Ucrania, juró combatir “la escoria rusa, judía y comunista hasta morir”. Afirmando el control que tiene Sector Derecho sobre la situación, Muzychko declaró que, ahora que el gobierno ha sido derrocado, “habrá orden y disciplina” o “los escuadrones de Sector Derecho fusilarán ahí mismo a los bastardos”.


http://www.icl-fi.org/espanol/eo/suplemento-Abril-de-2014/ucrania.html